Tengo novia

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Little gir
Little gir, a photo by Yolanda on Flickr. via photopincc

—Papá, tengo algo que decirte…
—¿Qué pasó pequeño?
—No sé cómo decírtelo…
—Solo dilo…
—Tengo novia…

Y no he podido evitar la emoción que me causaron estas palabras al escuchar así su secreto. Cuando él era pequeñito, su vida fue muy dura y yo prometí cuidarlo y protegerlo por sobre todas las cosas. Así, al llegar del trabajo cuidaba de él. Me levanté cada una de las 365 noches que tiene el año, a cualquier hora de la noche para cambiarle los pañales, abrazarlo y arrullarlo. Aún recuerdo las madrugadas heladas mientras preparaba su biberón con agua caliente, recuerdo sostenerlo en brazos y arrullarlo y algunas noches cantarle canciones hasta que él se volviera a dormir.

Otras noches me sentaba con él en mis brazos en la mecedora que estaba en el patio y lo mecía a la luz de la luna, él se quedaba quietecito en silencio y a veces reía.

La luna será siempre testigo de mis promesas hechas a él.

Fue siempre el primero pero la llegada de su hermanita fue algo sumamente complicado. Estoy seguro de haber cometido infinidad de errores al no saber balancear la atención que le prestaba a ambos y me duele.

Hoy, él es un pequeño adolescente. A sus 15 años todos los días se acerca en silencio mientras trabajo y me abraza. Algunos días solo me dice, “no te enojes Papá” —y es que admito tristemente que a últimas fechas estoy cometiendo el error de tener únicamente las palabras “¿tu tarea?” en la boca—. Cuando él va a la pequeña tienda de la esquina sé que si le sobran un par de monedas comprará un pequeño chocolate,  llegará a mi lado, será mi obsequio y me romperá el alma.

Hay días en los que anhelo con todas mis fuerzas que en el pasado todo hubiera sido diferente pero sé que no puedo cambiarlo.

La primer novia y el primer beso son algo muy pero muy especial en la vida de uno, son cosas que llevaremos toda la vida y a través de los años. Me llena de orgullo, de emoción y de lágrimas saber que mi pequeño ha decidido, sin pensarlo, compartir esto conmigo antes que nadie.

Gracias pequeño por tu confianza, gracias de corazón.

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Pesadillas

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burnt-up-doll-face, a photo by Buck Bloodcapsule freeimages.com. via freeimages.com

Era otra más de las múltiples casas que he visitado una y otra vez en mis sueños, es inquietante saber que he estado ahí una vez más.

La cocina tenía un pequeño comedor de madera y una sola bombilla de pálida luz pendiendo del techo. Era una casa fría y oscura llena de cuartos que no se pueden abrir, con multitud de ventanas que daban al patio.

Era de noche.

Al menos hoy lo he podido ver. Me miraba a través del cristal de la puerta y era como un muñeco de barro crudo de color gris, como esos que hacen los niños en el patio trasero al terminar de llover. De burdos contornos, tenía la mirada negra y oscura y las cuencas de los ojos vacías.

Y al mirarle él ha huido y lo he seguido en las sombras pero se esconde de mí.

Y de nuevo aparece y escapa, lo persigo pero corriendo se aleja y no lo puedo alcanzar.

Se pierde en el gris a lo lejos.

Me detengo: Estoy un parque lleno de árboles pálidos y hojarasca en el piso, tiene delgados caminos entre los edificios y es una noche como de principios de invierno . El silencio es inmenso. La luz de la luna y las nubes extienden las sombras de ramas al pie de los árboles y ni siquiera el sonido de un grillo puede callar el sonar de las hojas.

No hay nada ni nadie.

Súbitamente la noche oscura se empieza a llenar de luz de pequeñas farolas, una persona sin rostro camina a lejos, se acerca, escucho sus pasos venir.

algo ha cambiado en mi sueño….

Lo sé.

Día especial

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Avioncitos
Avioncitos, a photo by José Rios on Flickr. via photopin(license)

Tal vez mi pequeño nunca sepa que hoy casi me muero de angustia, que me han brotado un poco las lágrimas y que he pedido por él en mis oraciones.

A estas horas de la noche aún tengo deshecho el estómago y duele.

No sé cómo mi Padre y mi Madre lograron pasar esto mismo conmigo y mis hermanas.

Ahora entiendo aquel regaño muy tarde en la noche y las horas de angustia que sin querer ni pensar les causé. Benditos mis padres que tuvieron una inmensidad de paciencia conmigo, que pusieron en mí su confianza a ciegas todos los días.

Hoy es un día muy especial para mi pequeño.

Con una leve sonrisa de satisfacción a su regreso se ha acercado en silencio conmigo y me ha abrazado, con esos abrazos especiales de niño pequeño que a veces me dá.

Hoy es un día especial.

Lo lograste pequeño, lo lograste.

Lápices

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Siempre me habían fascinado desde pequeño los misteriosos dibujos llenos de cosas fantásticas. Mis cuadernos de primer grado estaban llenos de cosas, barcos y nubes que desaparecieron cuando abandoné mi niñez. Misteriosamente por casi 40 años, según recuerdo, lo que único que me atreví a dibujar es el típico monito de dos pies y la línea que representa sus manos mientras repetía incansablemente al que me lo preguntara: “no sé dibujar”.

Seguramente abandoné esto de los dibujos el día que mi maestra le dijo a todo el salón entre risas lo divertido y ensimismado que parecía estar yo jugando en medio de la clase a los aviones con mis lápices de colores.

(por lo visto hay personas que encuentran cierta satisfacción al proclamar las cosas a los 4 vientos)

El tiempo pasa y uno crece, y uno debe seguir creciendo. Así que a mi edad, lleno de terror, me he inscrito a un curso básico de dibujo.

El primer Sábado se sintió un poco raro, llegué al salón de clases con un block de dibujo y un estuche de lápices nuevos de los que me he encariñado.  Por algunos breves instantes, llegué a sentir en el fondo de mí  a ese niño que iba la escuela de nuevo y me ha hecho sentir especial.

Es como si pudieras comenzar desde cero todo otra vez.

Conforme los días pasan, y después de la tercera sesión, he dejado mis terrores atrás. He descubierto que jodido no estoy. Me cuesta trabajo y por supuesto que tengo problemas con la simetría y con la inseguridad de mis trazos, pero con cada intento que hago descubro un mundo nuevo y esto me llena de enorme alegría que a veces no puedo ocultar.

Es curioso percatarse como con la fotografía uno empieza a ver el mundo lleno de imágenes, se aprende a observar los bellos colores y tonos que tienen las flores y la delicada luz del atardecer, los gestos mágicos de los rostros o las personas.

Con el dibujo pasa algo similar, de repente uno puede percibir que el mundo está compuesto de líneas y sombras, que cada árbol tiene las suyas propias y personalidad,  que la ramas apuntan a diferentes partes, pero no solo los arboles sino las casas y los objetos comunes que nos rodean.

Que hay delicados detalles en las cosas rotas.

Ahora me encanta dejar de pensar por algunos instantes y dejar en paz mis recuerdos por algunas líneas, por los colores y las sombras de una botella, por los reflejos de un vaso o el contorno y volumen de una manzana. Y aunque las cosas me salgan torcidas me he enamorado de las sombras oscuras del carboncillo y del color de mis dedos.

Seguramente en un par de años lo haré mejor.

De cuando en cuando tengo la nefasta costumbre de hacer una lista de las cosas que necesito para sobrevivir,  de solo lo necesario para seguir adelante.

Conforme los años pasan, mi lista se hace cada vez mas y más pequeña, ya no hay lugar para las cosas grandes, ni las herramientas, ni sillas, ni bicicletas, ni aparatitos de baterías que pueda ocupar. La de hoy incluye pocas cosas: un par de fotos de mis pequeños , una Biblia, un pequeño crucifijo  y un estuche de lápices.

La posada de la sexta felicidad

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Las cinco felicidades chinas son: el bienestar, la longevidad, la salud, la virtud y la muerte dulce, la sexta la escoge cada persona en su corazón

Y agradezco al universo levantarme con una película así hoy por la mañana.

Y yo creo que esa pregunta nunca me la había hecho antes, pero sé que de alguna manera las respuestas están ahí, dando vueltas como mariposas.

Gritos en mi pecho

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Crowd
Pregunta, a photo by Thomas Hawk on Flickr. via photopincc

Ojala aquel día hubiera sabido que pasaría, entonces hubiese tomado una tonelada de valium o mil tés de pasiflorina.

Pero pasó, y yo no sabía, y dije lo que dije.

Y hoy tengo dentro de mi pecho un ejercito de personitas gritandome lo que ellas hubieran hecho. Cada una de ellas me dice que lo hubiera dicho de manera diferente, o que mejor aún: no hubiera dicho nada.

Y duele, porque con sus gritos dentro de mi, los golpes de sus manos dentro de mi pecho, hacen que mi lado izquierdo lata muy a prisa, demasiado a prisa y con mucha fuerza.

Y duele, literalmente duele.

Y tengo que detener todos esos gritos, y tengo que detener todas esas manos, por que si no lo hago, se romperá.

Dos semanas después

Han pasado un poco más de dos semanas y hoy mi mundo es diferente, completamente diferente. Las bandazos han ido de un lado hacía el otro y han sido días bastante difíciles. Creo que he pasado por todos los estados de ánimo posibles en un ser humano; pero conforme pasan los días empiezo a encontrar la paz que andaba buscando.

Sé que en este lapso de días hubo cosas que me había prometido hacer pero que no he podido. Y es difícil explicar por qué, pero simplemente tenía el alma en la mano. A alguien le debo una disculpa inmensa , lo haré, lo prometo.

El fin de semana he podido ayudar y eso me ha puesto demasiado contento, tenía cierto temor de no poder sacar adelante la tarea que se me había asignado pero después de ver las imágenes que he captado con la cámara y las caras de niños llenos risas supe que lo había logrado.

Y eso me alegra y me llena a mi también el corazón. Mientras revisaba esas risas de niños, todos mis problemas se hicieron pequeños y el lunes simplemente no me importaba nada de lo que pudiera pasar. Me sentía contento y finalmente pude dormir en paz por primera vez en mucho, mucho tiempo.

Aún no sé como continuar, apenas me estoy adaptando, y sé que hoy no tengo nada ni nadie de donde sostenerme, pero con el paso de las horas, de cada día y de cada noche, empiezo a sentir que cosas buenas saldrán de todo esto.

Por lo pronto no quiero molestar a nadie, así que mientras esté en mi antiguo hogar, saldré a correr o caminar a las 5 de la mañana o demasiado tarde o para el otro lado.

Me adaptaré poco a poco y saldré adelante, lo sé.

Mis pequeños están bien y aún no sé si volverán, es un misterio que no quiero contestarme.

Pero eso sí, hay una regla en la vida que es infalible: las cosas que se sostienen con alfileres se derrumban fácilmente.

Y es que las cosas caen siempre por su propio peso.

Tormenta

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Imagen. Christ in the Storm on the Lake of Galilee, Rembrandt

Hay veces que las cosas se me vienen encima como una tormenta, y es que hoy me siento como si fuera un pequeño barco de papel en medio de esas altas olas…

Pero se me viene a la mente una frase dicha por un gran pirata de papel:

Hé visto otras,
ya pasará, ya pasará….

Solo que a diferencia de otras veces ésta vez me he prometido a mi mismo que será la última.

Fingiré demencia mientras tanto.

PD 1: Espero yo algún día poder hablar porque hoy no pude, hoy no. Tengo literalmente el alma en la boca del estómago y no puedo, no puedo.

PD 2: Espero no llenar este blog sagrado de cosas tontas que se supone no debo decir. Desahogarme dirían otros.