Etiquetas

Siempre me habían fascinado desde pequeño los misteriosos dibujos llenos de cosas fantásticas. Mis cuadernos de primer grado estaban llenos de cosas, barcos y nubes que desaparecieron cuando abandoné mi niñez. Misteriosamente por casi 40 años, según recuerdo, lo que único que me atreví a dibujar es el típico monito de dos pies y la línea que representa sus manos mientras repetía incansablemente al que me lo preguntara: “no sé dibujar”.

Seguramente abandoné esto de los dibujos el día que mi maestra le dijo a todo el salón entre risas lo divertido y ensimismado que parecía estar yo jugando en medio de la clase a los aviones con mis lápices de colores.

(por lo visto hay personas que encuentran cierta satisfacción al proclamar las cosas a los 4 vientos)

El tiempo pasa y uno crece, y uno debe seguir creciendo. Así que a mi edad, lleno de terror, me he inscrito a un curso básico de dibujo.

El primer Sábado se sintió un poco raro, llegué al salón de clases con un block de dibujo y un estuche de lápices nuevos de los que me he encariñado.  Por algunos breves instantes, llegué a sentir en el fondo de mí  a ese niño que iba la escuela de nuevo y me ha hecho sentir especial.

Es como si pudieras comenzar desde cero todo otra vez.

Conforme los días pasan, y después de la tercera sesión, he dejado mis terrores atrás. He descubierto que jodido no estoy. Me cuesta trabajo y por supuesto que tengo problemas con la simetría y con la inseguridad de mis trazos, pero con cada intento que hago descubro un mundo nuevo y esto me llena de enorme alegría que a veces no puedo ocultar.

Es curioso percatarse como con la fotografía uno empieza a ver el mundo lleno de imágenes, se aprende a observar los bellos colores y tonos que tienen las flores y la delicada luz del atardecer, los gestos mágicos de los rostros o las personas.

Con el dibujo pasa algo similar, de repente uno puede percibir que el mundo está compuesto de líneas y sombras, que cada árbol tiene las suyas propias y personalidad,  que la ramas apuntan a diferentes partes, pero no solo los arboles sino las casas y los objetos comunes que nos rodean.

Que hay delicados detalles en las cosas rotas.

Ahora me encanta dejar de pensar por algunos instantes y dejar en paz mis recuerdos por algunas líneas, por los colores y las sombras de una botella, por los reflejos de un vaso o el contorno y volumen de una manzana. Y aunque las cosas me salgan torcidas me he enamorado de las sombras oscuras del carboncillo y del color de mis dedos.

Seguramente en un par de años lo haré mejor.

De cuando en cuando tengo la nefasta costumbre de hacer una lista de las cosas que necesito para sobrevivir,  de solo lo necesario para seguir adelante.

Conforme los años pasan, mi lista se hace cada vez mas y más pequeña, ya no hay lugar para las cosas grandes, ni las herramientas, ni sillas, ni bicicletas, ni aparatitos de baterías que pueda ocupar. La de hoy incluye pocas cosas: un par de fotos de mis pequeños , una Biblia, un pequeño crucifijo  y un estuche de lápices.

Anuncios