Han pasado un poco más de dos semanas y hoy mi mundo es diferente, completamente diferente. Las bandazos han ido de un lado hacía el otro y han sido días bastante difíciles. Creo que he pasado por todos los estados de ánimo posibles en un ser humano; pero conforme pasan los días empiezo a encontrar la paz que andaba buscando.

Sé que en este lapso de días hubo cosas que me había prometido hacer pero que no he podido. Y es difícil explicar por qué, pero simplemente tenía el alma en la mano. A alguien le debo una disculpa inmensa , lo haré, lo prometo.

El fin de semana he podido ayudar y eso me ha puesto demasiado contento, tenía cierto temor de no poder sacar adelante la tarea que se me había asignado pero después de ver las imágenes que he captado con la cámara y las caras de niños llenos risas supe que lo había logrado.

Y eso me alegra y me llena a mi también el corazón. Mientras revisaba esas risas de niños, todos mis problemas se hicieron pequeños y el lunes simplemente no me importaba nada de lo que pudiera pasar. Me sentía contento y finalmente pude dormir en paz por primera vez en mucho, mucho tiempo.

Aún no sé como continuar, apenas me estoy adaptando, y sé que hoy no tengo nada ni nadie de donde sostenerme, pero con el paso de las horas, de cada día y de cada noche, empiezo a sentir que cosas buenas saldrán de todo esto.

Por lo pronto no quiero molestar a nadie, así que mientras esté en mi antiguo hogar, saldré a correr o caminar a las 5 de la mañana o demasiado tarde o para el otro lado.

Me adaptaré poco a poco y saldré adelante, lo sé.

Mis pequeños están bien y aún no sé si volverán, es un misterio que no quiero contestarme.

Pero eso sí, hay una regla en la vida que es infalible: las cosas que se sostienen con alfileres se derrumban fácilmente.

Y es que las cosas caen siempre por su propio peso.

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