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Brownies
Brownies, a photo by emma@vanillasplash on Flickr. via photopincc

Recuerdo haberme sentido muy triste esa mañana, estaba completamente derrotado y sin fé para creer en las personas. Pensaba en las cosas que se me habían venido encima una y otra vez sin poder creer yó lo que pasaba. Entonces, entró ella por la puerta, tenía prisa, era una mujer joven, guapa y atractiva, el automóvil que había estacionado en la entrada del negocio era de reciente modelo. Quería una copia de algunos informes financieros que presentaría en la empresa donde trabajaba.

Platicamos 5 o 10 minutos a lo mucho en lo que yo obtenía las copias de los documentos, hablamos del clima, del trabajo, de las calles y del tráfico, reímos un poco de esas cosas banales que dicen nada.

Al cubrir el costo de las copias se percató que había olvidado su cartera así que le era imposible pagar.

—…olvide la cartera…que pena—me dijo.— ¿me permite ir por ella a la oficina?…regreso en 10 minutos.

El monto era irrisorio, 5 pesos, ni siquiera un dólar o medio euro, así que le contesté que sí, que no había problema y regresé a trabajar. Después de una hora sabía que esa persona no volvería y que guardaría esa anécdota como una gota más a mi renuencia de creer de nuevo en las personas.

Pasadas 2 semanas esa misma mujer entró de nuevo por la puerta. Llegó con una gran bandeja llena de brownies de todos los colores envuelto en una cajita llena de cintas hechas moñitos de regalo y se disculpó por lo ocurrido, por no haber regresado. Con una sonrisa dejó el obsequio sobre la mesa y me habló acerca de la importancia de no fallarle a las personas, hecho esto, me pagó el coste de las copias que debía, sonrió y desapareció por la puerta.

Nunca jamás la volví a ver, pero ese día lloré toda la tarde.

Me pregunté una y otra vez por qué había regresado a un local perdido en medio de la nada para saldar una irrisoria deuda y darme pastelillos de regalo. Y cada respuesta diferente que encontraba me regresaba poco a poco a la vida. A partir de ese momento mi mundo se llenó de colores de nuevo y le agradecí a esa mujer el detalle durante muchos días y semanas.

Hoy, todavía la recuerdo, cuando algo me pone triste pienso en ella y le agradezco de nuevo los pasteles y me digo a mi mismo una y otra vez que nunca podré saber quien entrara en mi vida con un sonrisa la siguiente hora por la mañana.