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Mi Padre fue maestro, 2 de mis hermanas son maestras,  los amigos de mi padre eran maestros, los mejores amigos de la familia fueron maestros, varios de mis mejores amigos son maestros y mi padre siempre sentenciaba “tú serás maestro”.  Crecí siempre rodeado de un ambiente como de escuela, en una casa llena de libros, cuadernos, papeles y de exámenes. Muchos de los momentos épicos de la familia, de mi padre y míos están relacionados con la escuela.

Tener un Papá maestro, tiene muchos beneficios: gracias a él las tardes sin clases servían para tener un aula siempre en casa. Aprendí a leer a los 4 años y terminé la primaria a los 10. Cuando estaba en tercero de primaria tuve mi primer trabajo, él me entregó un montón de exámenes y me dijo: “estas son las respuestas, califícalos”.  Y eso hacía.

Es un poco penoso y duro de confesar que un niño de 6 años le jodió las calificaciones a todos en la secundaria, pero ya está hecho. 🙂

El leía mucho y siempre llevaba algún libro de A.S. Neill a todas partes, se la pasaba leyendo todas las noches y los fines de semana. A mi me gustaba leer Banderas en las torres y creo que muchas de sus ideas las tomaba de ahí por que siempre me pedía cosas sin pensar jamás que tan solo era un niño. Había libros de pedagogía por toda la casa, aún en el baño.

Yo siempre he pensado que mi Padre implementó una versión “light” de Summerhill para conmigo porque me dejaba hacer todas las cosas. Tenia licencia irrevocable para opinar, decir o desarmar objetos intocables como nuestra única televisión. Me imagino que nunca se enteró que donde yo metía la mano a los 10 años tenia 22,000 voltios. 🙂

Fui un niño feliz que no conoció los limites.

A mi Padre lo vi levantarse temprano todos los días antes de salir el sol para llegar a tiempo a su trabajo, siempre se me acercaba y en silencio me daba un abrazo mientras dormía.  Algunos años fueron duros, pero nunca lo vi rendirse.

En la misma sintonía con la que me educó de dejarme hacer, alguna vez la estúpida soberbia llegó hacerme pensar que lo había aprendido todo por mi mismo. Hoy, me doy cuenta que siempre he sido tan solo un poco de arcilla que mi Padre moldeó cuando yo era un niño. Cada arista y borde de lo que soy formaban parte de su plan maestro para conmigo.

La edad se le ha venido encima, ya es un ancianito que está pasando por problemas de salud. Ya no es el mismo y le cuesta trabajo caminar. Lo visito los sábados muy temprano los fines de semana, me siento a su lado a platicar de cosas intrascendentes o recuerdos, me gusta darle abrazos y besos como el lo hacía conmigo. Siempre lo recordaré así toda la vida: despierto muy entrada la noche, con su máquina de escribir y un café en la mano.

Hoy es el día del maestro, su día. Solo quería decir:

Gracias Papá por ser el mejor maestro que haya tenido en esta vida.¡Te debo todo lo que soy!.

Muchas felicidades también a todos los maestros y maestras hoy en su día. Gracias a esas personas fantásticas que se llevan las libretas y por las noches con un café en la mano revisan las tareas, a quienes con esfuerzo descifran los jeroglíficos y escriben notas de aliento sobre las hojas todos los días, a quienes en la mañana nadie les da gracias por esos desvelos y dolores de espalda. Gracias por esas mentes llenas de ideas y por las ganas de enseñar mejor cada día.

Gracias por un mejor mañana.