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boa

Conocí al principito a los 15 años, lo leí de nuevo a los 17, 22 y una vez mas a los treinta y cuatro años. Sé que anda por ahí en alguna caja aún por desempacar.

Siempre me fascinaron las primeras páginas que hablan de las cosas importantes —también la historia de la delicada rosa—.

Las cosas importantes son lo que me gusta de lo blogs.

Aquí uno puede hablar del color naranja o del rojo, de si te gusta meter los pies en el agua fría de las olas, de los los reflejos del agua al salir el sol, de la luna, de las hojas de los árboles o de esas épicas batallas que entrada la noche libran los gatos y esos seres que no existen que protegen a quienes arrullan los capullos de las flores por las noches.

Aquí uno puede leer historias sobre las cosas pequeñas que al final del día son las que mas pesan en la vida de las personas, me gusta encontrarme con los niños que aún existen en los adultos. Me gusta leer sobre las cosas buenas que pasan.

Por supuesto, soy adulto, se comportarme. He aprendido a hablar de las cosas “importantes” con las personas pero me aburre escribir ahí. A las personas adultas les gustan las cosas “importantes”, se maravillan y se sienten cómodas cuando les hablas de cifras y reportes. Siempre te preguntaran si trabajas en una buena empresa y quedarán fascinados al escuchar hablar de las fluctuaciones en las bandas de precios de los mercados.

Pero prefiero WordPress donde uno puede conocer a mucha gente que le encantan los sapos y las ranas. 🙂

Y antes de seguir escribiendo, creo que lo mejor será detenerme aquí. Estoy perdiendo la razón y simplemente lo que sucede es que es uno de esos días en los que odié las redes sociales.

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