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No pudo menos que fascinarme el pequeño letrero enfrente mío, escrito de manera apresurada con marcador de tinta permanente sobre el respaldo de una silla escolar que pertenece a un salón que por las mañanas todos sus habitantes son neoadolescentes cuya edad promedio ronda en los 14 años.

El texto decía:

¿Qué fué de nuestras vidas?

Y creo que lo dice todo.

Y antes de que empiece a desvariar y a escribir de más lo mejor será que regrese a contar ovejas, o mejor dicho mariposas de color menta, por que son las 3 de la mañana y sigo sin poder dormir.

PD. Parece que nunca me podré librar de la autocensura, tuve que borrar como 50 líneas de aquí 😦