Etiquetas

, , ,

Anoche estuve estudiando con mi pequeño sus primeras lecciones. Después de abrir el libro tuve que repasar algunas de esas frases tan famosas que millones de personas conocen:

  • Mi mama me mima
  • Ese oso es mío
  • Esa es susu.

No solamente vinieron a mi mente los recuerdos olvidados en el fondo de mi edad acerca de las primeras letras y la primaria, si no también la inseguridad y la frustración de no poder captarlo todo a la primera. Aparecieron las repeticiones, la plana tras plana en la libreta, las correcciones del trazo, a veces la frustración y también los dictados.

Qué difíciles son esos años. Con obligaciones que inician para nunca desaparecer. Levantarse temprano, vestirse, desayunar, caminar a la escuela. El toque de la campana, las filas, la llegada al salón.

Salones rodeados de niños con alguna maestra tal vez aburrida, tal vez no; con mil cosas que hacer y muchas exigencias.

También existe la alegría de esos años, las risas y los juegos. El tan esperado recreo. La memorable tiendita de la escuela.

Ahora como Papá, debo regresar a ese mundo que parecía había quedado atrás y vivirlo junto con mis pequeño. Me esperan tal vez 20 años por delante de volver a estudiar y repasar todo desde el inicio.

Debo de animar a mi hijo, echarle porras, exigirle, animarlo, ayudarlo y apoyarlo para salir adelante.

Pero no quiero ni pensar que el otro año me esperan las tablas de multiplicar.

Anuncios