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cangrejo

Monterrey, Ago 29 2006

Durante nuestro fin de semana en la playa atrapé un cangrejo y se lo mostré a mi pequeño, emocionado pregonaba a gritos la captura de tan extraño ser, quería tocar a aquel pequeño monstruo. ¿Cómo conservarlo?¿qué hacía con el? así sin mucho pensar lo metimos a una cubeta de plástico y lo guardamos en la cajuela del auto. Con la divertida de la tarde, el cambio de playa, la lluvia que nos mojó y la llegada de los amigos… admito que me olvidé de el.

A la mañana siguiente al abrir la cajuela para meter las maletas al auto, sorpresa: encontré la cubeta…sin el cangrejo.

Saqué todo de la cajuela del auto para localizar al cangrejo pero nada, escuchaba los ruidos que provocaba el golpear con sus tenazas la lamina pero no podía ubicarlo, se nos hacía tarde, ni modos, decidimos no perder más tiempo buscando así que junto con el cangrejo nos fuimos a la playa.

Por la tarde mientras regresábamos a Monterrey me preguntaba una y otra vez donde estaría el maldito cangrejo. Lo primero que hice al llegar a casa fue sacar todas las maletas, la cubeta, la carriola, la sombrilla y los mil aditamentos para la playa y revisarlos uno por uno y determinar si estaba el cangrejo y nada. Continué con la llanta de refacción, la saque fuera del auto y nada ¿dónde estará?…me puse a levantar cada uno de los forros del auto, moví los asientos y al fin, en medio de una hendidura, bien escondido ahí estaba ¡y vivo! había soportado 24 horas en la cajuela a una temperatura muy alta, el auto se sentía bastante caliente debido al sol recibido durante todo el día ¿Y ahora como lo saco?¿con un gancho? no demasiado estrecho, así que fui por los guantes , metí la mano pidiendo para mis adentros que no me fuera a morder y lo saqué. Le pregunté a mi pequeño: ¿ahora que hacemos? ¿nos lo comemos?, ¡NOOOO! fué su respuesta. Lo mantuvimos un rato en una hielera caminando por un rato y ante la cruel visión de mantenerlo ahí hasta morir ( como si no fuera cruel haberlo tenido encerrado al pobre) decidí soltarlo en nuestro patio.

Ya era de noche, al soltarlo primero se mantuvo quieto y poco a poco se fue moviendo y ocultándose entre el zacate, tenía miedo, estaba dispuesto a correr hasta desaparecer…

Mira como son las cosas, ahora sin querer tenemos una mascota de quién cuidar, durante estos días me he preguntado que ha sido de el, por las noches hemos escuchado ruidos extraños: me lo imagino caminando, quedito, en silencio, explorando su nuevo hogar. Ayer en la noche el maullido de un gato me sorprendió, ¡já!, seguramente un gato se lo ha querido comer y le ha mordido la nariz.

Habrá que ponerle nombre y durante las noches humedecer aquellas partes donde creemos que está.

Aún no sé si sobrevivirá.

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